Delegar tareas es una de las capacidades fundamentales de un manager. Delegar bien no consiste simplemente en asignar trabajo. El empleado debe saber qué debe hacer, por qué es importante, cuándo debe terminarlo y qué resultado se espera.
Una buena delegación aumenta la responsabilidad y permite al manager dedicar tiempo a tareas de mayor valor.
Describe el resultado, no solo las actividades.
En lugar de “revisa la página web”, puedes pedir “prepara una lista de errores de la página web indicando la página afectada, la descripción y la prioridad”.
Cuando una tarea pertenece a “todo el equipo”, puede no quedar claro quién debe garantizar su finalización.
Aunque participen varias personas, conviene asignar un responsable que coordine el trabajo y se asegure de que el resultado final se entrega.
“Lo antes posible” no es un plazo útil.
Indica una fecha, una hora o un intervalo acordado. Si existen dependencias, tenlas en cuenta al establecer el plazo.
Los empleados suelen gestionar varias tareas al mismo tiempo. Una nueva tarea necesita contexto sobre su importancia.
Indica si es crítica, importante o de menor prioridad frente a las tareas existentes.
La falta de información es una causa frecuente de retrasos. Facilita documentos, datos, requisitos y las dependencias relevantes.
El contexto no significa explicar cada paso. El objetivo es que el empleado pueda tomar decisiones de forma autónoma.
El empleado debe saber cuándo informar de un problema.
Una regla sencilla es comunicar un bloqueo cuando pueda afectar al plazo, al alcance o a la calidad de la tarea, preferiblemente indicando también una posible solución.
La delegación pierde su sentido si el manager empieza a controlar cada paso.
Establece expectativas y puntos de control y permite que el empleado decida cómo realizar el trabajo.
Antes de asignar una tarea importante, comprueba cinco elementos:
Este esquema reduce los malentendidos y facilita el seguimiento posterior.
Delegar eficazmente no consiste en repartir el mayor número posible de tareas. Consiste en dejar claros el responsable, el resultado, el plazo, la prioridad y el contexto.
Una tarea bien delegada es más fácil de ejecutar, de supervisar y de completar sin seguimiento innecesario.
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